| “La pequeña niña lloraba silenciosamente frente al cuerpo inmóvil que yacía en el suelo, ambas pequeñas manitos en su rostro mientras sollozaba y sollozaba. Una luz apareció en el principio del callejón oscuro y una persona se acercó, una chica de hecho. Diana levantó su mirada de sus manos y observó. “Hola pequeña” murmuró Tate y observó al cuerpo y seguidamente a Diana. La pequeña intentó tartamudear un hola, pero nada salió de su boca más que un sollozo mientras apretaba con más fuerza el pequeño osito de felpa contra su pecho. “Tranquila, Diana. Ya estoy aquí. Esto no volverá a suceder.” musitó Tate con una sonrisa. Diana la miró a través de sus ojos empañados y sus largas y rizadas pestañas y sintió ese calor en su pecho. Tate le extendió una mano con esa confiable sonrisa y la pequeña la aceptó. Tate la observó y a través de su mente le dijo “Todo estará bien, ya te tengo”. |
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